Acuarelas en New York

Ernesto More (1897-1980), gran prosador de anécdotas, fue amigo de personajes como Vallejo, Eguren y Chocano. Entre sus libros, destaca Huellas humanas (1954), en que descubre momentos y perfiles singulares de gentes grandes como José María Eguren. Aquí, una deliciosa historia de engaño, sano engaño, que le hicieron al pintor y poeta en algún momento de los años treinta:

 

…José María cultivaba con placer y con gran delicadeza la pintura y el dibujo. Sus dibujos se caracterizan por su incorporeidad. En ellos hay algo de autobiografía. Un setenta y cinco por ciento del dibujo lo debe hacer el que lo ve. En sus poemas y en sus dibujos, Eguren da a comprender que en realidad nada existe tangible en la naturaleza, porque todo está en trance de devenir y de desaparecer. Basta parpadear para que las formas hayan cambiado ya, afuera o adentro, o en ambas partes. El mundo de Eguren es evanescente, invertebrado. Por esos dibujos, se ve que Eguren se complacía en sorprender el perfil de las cosas, método que sugiere cambio en el tiempo y desplazamiento en el espacio. Viendo sus amigos que Eguren se debatía en la pobreza, y conociendo la invencible delicadeza del poeta, imaginaron un medio para ayudarlo económicamente. Isajara no quiere este aspecto llegue a las letras de molde, pero el cronista, seguro de que con ello no se hace daño a nadie, ni a la memoria del poeta ni a la reputación de los que fueron verdaderos amigos suyos, no puede vencer esa indiscreción que es superior a la promesa, por el hecho de llevar en sí rasgos positivos. Dos o tres amigos convinieron en decirle a Eguren que sus acuarelas habían gustado muchísimo a un señor que solía hacer viajes frecuentes a Nueva York, quien había solicitado algunas para exhibirlas o venderlas en aquella metrópoli. Cuando Eguren escuchó de boca de Isajara tan excelente noticia, permaneció confuso e incrédulo, sobre todo al saber que sus acuarelas iban a ser compradas al contado. Todo había pensado Eguren, menos que sus pinturas podían ser materia de especulación artística y económica en New York! Mas como las seguridades que se le dieron fueron tan completas, el ingénuo socarrón jamás sospechó que otros lo iban a socarronear generosísimamente. Y se puso a trabajar. Esto ocurrió allá por los años 30 ó 32, antes de que sobre el espíritu del poeta cayera una tremenda desilusión que había de paralizarlo posteriormente, y hasta el fin, en casi todas sus actividades aleatorias, y aún en las que se relacionaban con su poesía misma. Solía llevar el poeta a casa de sus amigos sus pequeñas acuarelas debajo de las cuales firmaba con Joesem, por las que le pagaban cantidades que le permitieran cubrir las más imperiosas necesidades de su casa, porque Eguren tenía dos o más personas por quienes responder. Estas transacciones se llevaban a cabo con discreción y regularidad, pues el señor de Nueva York venía a Lima con cierta periodicidad. Como todo artista, Eguren era susceptible a las caricias de la Fama, quizás si más todavía que a las de Creso. La inocente y generosa comedia se desenvolvía sin tropiezos, para alegría de unos y de otros, porque todos recibían contento con la trama. Mas un día, Enrique Bustamante y Ballivian, íntimo amigo y admirador de Eguren, al descubrir lo que se desarrollaba detrás de la tramoya, le reveló a su amigo el juego. “¡Pero José María –le dijo–, cómo crees que tus acuarelas puede ser exhibidas en Nueva York? …. ¡Estas son cosas de Isabelita!”. Eguren se quedó de una pieza. Y sin esperar más fuese volando a la Casa Columbia. Al saber Isajara el motivo de la visita de Eguren, se quedó a su vez de una pieza, sobre todo al tener conciencia de que la revelación hecha por Enrique tenía autoridad suprema. Pero Isajara reaccionó rapidísima e inteligentemente. “Este Enrique es de lo más curioso! ¡Qué cosas las que quiere hacerte consentir él! Y para que te convenzas, te voy a presentar al señor Durán que es la persona que se interesa por tus acuarelas, y que debe de llegar uno de estos días”. Y en efecto, llegó el señor Durán, a quien hubo que confiarle el sentido de la comedia, recomendándole que se mostrara lo más parco en palabras, porque Eguren era sutil. Tenía el pálpito de los inocentes. Y Durán desempeñó su papel de maravilla, a maravilla, como un verdadero “marchand des tableaux”. Ese fue el acto más conmovedor de la comedia, en el que el personaje principal recupera la fe perdida, no sin antes haber caminado por el borde de un precipicio.

Eguren y amigosDe pie: Gilda Larrea, José María Eguren y Marcela Gibson. Sentados: Percy Gibson y Ernesto More

 

*El fragmento citado pertenece al libro Huellas humanas (Lima, 1954) de Ernesto More Barrionuevo. La fotografia fue extraída del libro El universo poético de José María Eguren (2016) de Ricardo Silva-Santisteban.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s